Italia se enfrentó al cisma social del aborto con un referéndum

Cuando ojeamos los rankings de democracias del mundo vemos que Italia no tiene mucho que envidiar a España, menos aún en los últimos meses. Ambos son países de tradición latina con sociedades bastante comunes.

Cartel italiano con el texto 'L'ottomarzo dei due no ai referendum sull'aborto'Sin embargo, una diferencia entre los dos países son los mecanismos formales para hacer participar a la población en la democracia. En los 35 años de democracia española hemos tenido la ocasión votar directamente la entrada de nuestro país en la OTAN y la (fallida) Constitución Europea. En Italia las urnas se han metido con temas más espinosos como el aborto, ahora tan polémico en nuestro país.

No es que los italianos sean los ciudadanos más felices del mundo con su participación ciudadana. Pero el artículo 75 de su Constitución les otorga la posibilidad de frenar una ley que esté poniendo en marcha el gobierno del momento.

Tienen que conseguirse 500.000 firmas o la aprobación de cinco consejos regionales para proceder al referéndum y hay algunas leyes que no se pueden derogar de este modo, como las tributarias, las de indulto o las de ratificación de los tratados internacionales.

Fue así como este país se enfrentó a la brecha social sobre la interrupción voluntaria del embarazo ya a finales de los años 70. La Ley de 1978, en la práctica, permite a las mujeres interrumpir su embarazo durante los primeros tres meses por cualquier “motivo personal serio” (“existencia de dificultades sociales, económicas o familiares”).

La posibilidad de referéndum abría la posibilidad a otra Ley que liberalizaba aún más el aborto. Finalmente el texto aprobado, aunque por una mínima diferencia, fue fruto del consenso de un compromiso entre grupos pro y anti abortistas. La existencia de referéndum obligó a buscar acuerdos en lugar de reafirmarse en las propias posiciones y no ver más allá, incluso en los temas más subjetivos y sujetos a valores.

La ley fue aprobada sin el consenso de toda la sociedad italiana. En 1981 el Movimiento por la Vida promovió un referéndum para paralizarla, pero el resultado fue favorable al aborto libre y gratuito durante los primeros tres meses de embarazo. Esta regulación se ha mantenido hasta la actualidad. La Ley también admite que en determinados casos un médico pueda pedir autorización a un juez para que autorice la interrupción del embarazo a una menor de edad sin consentimiento de sus padres.

En estos momentos un país tradicionalmente católico como Italia se diferencia de otros países europeos que también lo son (España, Malta, Irlanda y Polonia) en la regulación del aborto. La existencia del referéndum contemplado por la Constitución y, por consiguiente, la participación ciudadana también puede jugar un papel en las cuestiones más subjetivas que dividen a la sociedad.

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