Luchando por salvar del olvido al Monasterio de Obona

El pueblo de Obona, en el concejo de Tineo (Asturias), apenas tiene 50 habitantes. Está dispuesto siguiendo una línea recta y al desviarse en uno de los extremos se llega al Monasterio de Santa María la Real, posiblemente el más antiguo de Asturias. El turista que quiera visitarlo tendrá que pedir las llaves en el bar que regenta Santiago, que las entrega previo registro de DNI. Entre los visitantes hay muchos peregrinos a Santiago de Compostela, ya que el monasterio es una de las paradas del camino del norte.

La primera sorpresa del visitante es el acceso gratuito, pero después la impresión viene por el estado en que se encuentra el monasterio. La profesora Pilar García Cuetos, del departamento de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, califica el estado del edificio de “preocupante”. Esta experta denuncia el abandono al que está sometido el Cristo románico de la iglesia. También se queja de que entra agua por todas las partes.

Entre los vecinos de Obona reina cierta resignación. Mantienen la iglesia como lugar de culto pero esto no garantiza la conservación del cenobio al completo. Los más mayores del pueblo recuerdan que en su juventud el monasterio de Obona aún estaba equipado “con muchas más figuras y más libros”.

Algunos especulan con que un expolio consecuencia de la Guerra Civil haya servido para vender las tellas e imágenes. Estas quejas han dado como fruto el nacimiento de la plataforma reivindicativa ‘Salvemos Obona’ que con sus perfiles en redes sociales como Facebook o Twitter pretende arrancar algún compromiso a las administraciones para mejorar la situación del monasterio.

Desde el Ayuntamiento de Tineo reconocen que “alguna restauración puntual se hace”. Hace quince años, por ejemplo, se arregló la parte superior. Para solucionar el problema de los excrementos de las palomas recientemente se cerraron las ventanas abiertas del cenobio.

Se cree que la escritura de fundación del monasterio de Obona data del 17 de enero del año 781, levantado por el príncipe Adelgaster y su mujer Brunilda. Es el segundo monasterio más antiguo de los que se conservan de la Edad Media. En el acta fundacional se daba amplia libertad a los monjes y al abad para administrar justicia en la zona, de acuerdo con las costumbres de la época. Además, recibieron una dote considerable al instalarse en él: 20 vacas, 5 yugos de bueyes, 30 ovejas, tres cálices, dos campanas de hierro, tres mantos, doce cucharas de plata y un largo etcétera.

La riqueza y el poderío acompañó por tanto a este monasterio durante muchos años de su historia y por eso fueron muchas las obras de arte albergadas entre sus paredes. Actualmente solo se conserva un Cristo románico de tamaño natural que cuelga del techo en la nave central de la iglesia y un sepulcro con los huesos del príncipe Adelgaster a un lado del altar, con un epitafio grabado en la piedra que describe el traslado de la tumba a ese lugar en 1656. A sus pies hay una tabla con el retrato del fundador del monasterio.

El monasterio de Obona, pese a estar situado entre montañas con difícil acceso, se convirtió desde un principio en un centro importante de poder en la zona occidental del joven Reino de Asturias. Por ello afloraron en torno a este lugar leyendas sobre monjes crueles que administraban la justicia con impunidad y arbitrariedad. La que más ha resonado a lo largo de los siglos está protagonizada por Puliatos, un joven que, harto de pagar los diezmos, rodeó el monasterio de Obona con brazadas de leña y amenazó con quemarlo. Así consiguió amedrentar a los monjes, que prometieron dejar de cobrarlos. Las leyendas también hablan del ‘derecho de pernada’, por el que las mujeres debían pasar hasta una semana en el monasterio antes de casarse; de los ciudadanos ajusticiados con la horca y torturados con la ‘gota’; o del túnel que unía el convento masculino de Obona con el femenino de Bárcena, a cuatro kilómetros en línea recta, que además de servir de comunicación entre ambas comunidades acogía un tesoro y libros.

Obona se ha convertido en un paradigma de la lucha ciudadana por la conservación de una parte de su pasado.

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