A golpe de tapping contra el dolor

A nurse of Ciudad Naranco Health Centre, in Oviedo (Spain), has introduced an alternative therapy called tapping. It is an emocional  technic to face illness.

Hace 14 años diagnosticaron a Cristina López lupus, una enfermedad autoinmune que a día de hoy no tiene cura. El lupus se traduce en brotes fuertes de dolor que llegan a inmovilizar a quien la padece. El remedio tradicional en esas crisis es la medicación que apacigua el malestar. Pero a Cristina se le puso por delante la oportunidad de ir un poco más allá e incorporar una nueva técnica al tratamiento de su enfermedad. Su médica de cabecera en el centro de salud de Ciudad Naranco le ofreció la posibilidad de derivarla a la consulta de enfermería aprovechando que su compañera, Charo Sánchez, se estaba formando en tapping, una técnica en la que la sanación de la enfermedad se funde con las emociones del paciente.

El punto de partida es un problema físico o emocional que debe ser descrito en una frase. En sus primeras sesiones Cristina se centró en los dolores que le ocasiona el lupus. Mientras repite la frase elegida Charo le da golpes suaves con sus dedos en puntos clave del cuerpo llamados meridianos de acupuntura, situados en la cara, el cuello, bajo la axila y en las manos. No tiene una gran base racional pero a medida que las sesiones van avanzando las emociones de Cristina empiezan a brotar. Salen sentimientos de todo tipo (dolor, tristeza…) y la labor de la enfermera es ‘estar alerta’ ante un cambio en señales como la expresión facial o el tono de voz de su paciente para guiarla en su camino emocional.

El tapping parte de la premisa de que cualquier tipo de problema psicológico o enfermedad está causado por un desequilibrio en el sistema energético y busca reequilibrarlo. Lo desarrolló un psicológico clínico estadounidense, Roger Callaham, con una paciente con fobia al agua. Tras varios intentos de curarla sin resultado, le pidió que se golpeara suavemente con las yemas de los dedos bajo sus ojos mientras pensaba en el agua. Según cuentan los expertos introductores del tapping en España, bastaron pocos segundos para que la paciente viese desaparecer su pánico al agua.

Tapping therapy

Actualmente el tapping se está extendiendo poco a poco por la red sanitaria pública del país junto a otras técnicas alternativas como el masaje reiki o las flores de Bach. En el centro de salud de Ciudad Naranco no es cuestión de segundos, pero a medida que Cristina se va relajando constata como los dolores crónicos le conceden mayor tregua. Al comenzar el tratamiento los valoraba con un 4,5 sobre 5 y tras las primeras diez sesiones pasó a evaluarlos son un 1,5 en la misma escala. Puede parecer una terapia demasiado sencilla para dar estos resultados, pero Cristina y Charo coinciden en señalar que “es muy mágico y puede funcionar sin saber bien por qué”. Otra explicación que da Cristina es que, “lo mires por donde lo mires, un cuerpo relajado siempre duele menos”. La paciente alterna el tapping con la medicación que le receta la médica de cabecera porque, “aunque lo ideal sería no tomar nada, cuando hay que hacerlo se hace. Lo mejor es la convivencia entre la medicina tradicional y la alternativa; ya que ninguna de las dos tiene la verdad absoluta”.

Lo que sí logró Cristina en el año y medio que lleva haciendo tapping es reducir sus dosis de antinflamatorios y cortisona, y ahora el objetivo es eliminar definitivamente esta última. Una meta que no espera con tanta ansiedad como antes porque el principal beneficio que está extrayendo del tapping es aprender a vivir más relajada. Un buen ejemplo para ella es la cola del supermercado, donde la espera le hacía ponerse histérica porque tenía la sensación de que iba con el tiempo justo. Sus deberes ahora son tomarse esa espera como un tiempo de relax y no culpar al empleado de la caja ni a los demás clientes de su propia impaciencia. Además, “la cola no va a avanzar más rápido por mucho que uno se ponga nervioso”.

Cuando Cristina deja de consumir corticoides su cuerpo reacciona con dolor, porque está acostumbrada a ese medicamento. Ahora en sus sesiones investiga si ese malestar tiene que ver con sus emociones. Charo comenta que en esto tiene mucho que ver “el beneficio emocional que se puede sacar de la enfermedad”. Cuando a un enfermo crónico no le apetece desempeñar una actividad o hablar con alguien puede escudarse fácilmente en su salud para no hacerlo sin que esté mal visto socialmente. Una circunstancia que puede tener tanto ventajas como inconvenientes para el paciente.

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